NACÍ SIN NOMBRE

 

 

 

NACI SIN NOMBRE

 

 

"Hay quien piensa que la acción de golpear es el golpe:
pero golpear no es dar un golpe, ni es dar muerte, matar.
El que golpea y el golpeado
no son, uno y otro, sino un sueño carente de realidad".

Extracto del poema "Brahma" de EMERSON.


"Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente".

SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y amor.

She's a moonchild
Gathering the flowers in a garden
Lovely moonchild
Drifting on the echoes of the hours.

KING CRIMSON.



Hemos clasificado al mundo en distintos reinos. A todo le hemos puesto un nombre, y los seres humanos arrastramos la pesada carga de lo que estos nombres representan como una condena. Tenemos que "mantenemos a la altura" de nuestra condición social, imagen, títulos, y solvencia económica. Pero también existimos aquellos en quienes nadie se fija, y viajamos, a través de nuestra existencia, en una lucha constante para que nuestro nombre algún día alcance a tener cierta importancia para los demás.

Un terrible miedo a lo desconocido nos lleva a elaborar una larga lista de conceptos, absurdos, ante lo poco que nuestros ojos realmente alcanzan a ver. Aquel mundo artificial que hemos creado con el cerebro y clasificado con el intelecto nos da cierta seguridad. Y en nuestra lucha diaria por acumular riqueza y poder olvidamos lo frágil que es la vida sobre la Tierra. Se han realizado millones de autopsias y hasta ahora no se ha encontrado una luz que nos permita vislumbrar qué fuerza es la que sostiene la vida. Quizás el origen de la vida se esconde más allá del orden y el dominio que hemos pretendido ejercer sobre la naturaleza. Tal vez sólo creemos estar acá, y un profundo miedo nos va aniquilando al percibir que también existimos más allá de este mundo surrealista, e inventamos religiones y, por supuesto, creamos "un mundo espiritual" que disfrace nuestros miedos, prejuicios y aquella crueldad incomprensible con la que tratamos al resto de la Creación.

Miro para atrás y parece que todo lo vivido fue un sueño. ¡Cómo quisiera que alguien me pudiese asegurar que fueron reales las experiencias vividas! Al mirar a la gente a los ojos, y ver mi reflejo en sus pupilas, me doy cuenta de que la vida no es más que una ilusión, un brillante truco mágico que se disuelve con el paso de las estaciones.

Caminamos por la vida con la seguridad de estar conscientes, pero sólo estamos soñando realidades. Nuestras vidas se asemejan más a un sueño que a ese mundo real al que nos aferramos tanto, es decir, nuestras vidas no transcurren en perfecto orden como si a determinado acontecimiento le siguiera otro que encaja a la perfección. ¡No! En nuestras vidas tenemos sexo vehemente por la mañana y dos horas después estamos sentados en una fría reunión de negocios, para más tarde encontrarnos en una playa, en medio de una carretera, o tal vez comiendo comida china con nuestros amigos de la infancia o con aquella persona que amamos con locura durante nuestra juventud y que desearíamos desgarrarle la ropa, arrojar los platos fuera de la mesa, y vivir una experiencia obscena que ojalá no olvidásemos nunca, y así regresar a nuestras reuniones de trabajo, noviazgos, y compromisos formales y matrimoniales.

La vida es impredecible, desordenada, caótica. Los eventos no se repiten ni siguen un orden establecido. En las siguientes páginas comparto tan sólo uno de esos sueños, el cual escapa a todas las reglas y al orden que inútilmente pretendemos establecer y está relatado como tal.




PARTE I : EL LABERINTO

 

SER

 

 

- Aló, Mikael, hola...

- Penélope, ¿cómo estás? ¡Qué milagro...!

- Necesito conversar contigo. ¿Puedes venir a mi casa?

- Sí, claro, pero... ¿No es un poco tarde?

- Ven, Mikael, la puerta estará sin llave, así que entra apenas llegues.

- ¿?... Bueno, salgo para allá.

Eran casi las diez de la noche y las calles estaban casi vacías. Efectivamente, la puerta estaba sin llave. Entré. La casa estaba a oscuras. Busqué el interruptor sin éxito.  


- ¿Penélope? Ya llegué...


- no obtuve respuesta. Debido a la oscuridad no podía ver absolutamente nada dentro de la sala. No me tropecé con nada al caminar, por lo tanto deduje que la habitación estaba completamente vacía. Subí al segundo piso.  


- Hola, Mikael


- escuché la suave voz de Penélope que venía desde algún lugar de la habitación


-. Acá estoy, ven...  


- ¿Pero qué haces en medio de toda esta oscuridad? Enciende algo...


- ella estaba recostada contra la pared.  


- No te preocupes, Mikael, ven, siéntate cerca, dentro de poco tus pupilas se dilatarán y no necesitarás de la luz eléctrica. Digamos que éste es el estado natural, permitamos que la noche sea lo que es.  


- Bueno, es una buena idea después de todo - le respondí


-. Pero... ¿dónde están tus cosas? Tu casa está completamente vacía.  


- Han pasado tres años desde la última vez que nos vimos, querido Mikael, fue en una fiesta, cumplías veinticinco. Mi padre murió el año pasado y terminé dándome cuenta de que estaba rodeada de objetos inútiles. Por eso he decidido vivir con nada más que lo necesario; en la otra habitación tengo mi cama, unos libros, algo de ropa, unas velas...  


- Penélope, ¿te sientes bien?  


- Me sentía muy sola hasta que decidí aceptar esa soledad, en vez de evitarla.  


- Pero eres tan guapa, ¿cómo puedes sentirte sola?


- traté de animarla con una pregunta absurda.  


- ¡Qué poca cosa sería buscar un novio para evitar la soledad! De todas formas en un hombre no busco compañía, sino esencia. Deseo a un hombre que no busque ser simpático ni no serlo, un hombre que no pretenda ser alguien que no es ni que quiera cambiar; deseo a un hombre que sea lo suficientemente valiente como para ser él mismo, y que, por lo tanto, se sienta en total libertad para amar, recibir amor, y esparcir su éxtasis por la existencia.  


- No sé qué decirte...


- su sinceridad despertó ternura en mi mirada y en ese momento me hubiera gustado ser aquel hombre.  


- Pues no digas nada. No ando buscando novio, y en todo caso he conocido hombres entretenidos... pero eso también está lejos de ser lo que busco. Cuando el destino lo quiera, ese hombre llegará. Por ahora intento ser una luz que brille en medio de toda esta oscuridad.  


- Sí, obviamente el amor va más allá de tener a alguien que nos acompañe, de tener relaciones sexuales o alguien con quien divertirnos. ¿Cuántas veces confundimos el amor con "costumbre"? La costumbre de estar con aquella persona que nos conoce, que sabe lo que nos gusta y, lo que es peor, nos ayuda a intentar burlar la inmensa soledad que llevamos dentro. ¡Qué tendrá que ver eso con el amor!  


- La fragancia del fruto, el beso del viento; el sabor a mar en los labios, en la piel de la persona amada


- dijo Penélope sin que le importe estar divagando


-. Tal vez amor sea aquello que llamamos dios, ¿será eso lo que llamamos dios, Mikael?


- preguntó como si realmente quisiera saber la respuesta


-. Sí, a lo mejor perdemos el tiempo en nuestro intento de humanizar a un dios que en nuestros momentos más oscuros permanece ausente... sí, tal vez sólo exista el amor. Y dios y amor no vienen a ser más que lo mismo, por lo tanto la única realidad de dios es el amor.  


- Muchas veces creemos que el amor es aquel amor de pareja    


- añadí -, cuando tal vez ese amor de pareja no sea más que una excusa para poder vivir un amor mayor. ¿Por qué lloras, Penélope?


- pregunté secándole las lágrimas -. ¿Has estado triste?  


- Lloro de emoción, Mikael, por lo que somos, por lo que llevamos dentro. Antes de comprenderlo, me encontré en una interminable noche oscura.  


- Te escucho, Penélope, cuéntame - dije sin tener la menor idea de lo importante que es saber escuchar.  


- ¿Quién no ha sufrido por ver a los hombres hacerse infelices los unos a los otros? Muchas veces necesitamos de un sufrimiento tan grande que logre acabar con nosotros, para que de ese dolor inmenso, que nos destroza por dentro, brote un verdadero anhelo de pureza que nos permita vislumbrar las más elevadas revelaciones. ¡Cuántas veces nos ahogamos en nuestra propia soledad, al dejar atrás amores, ciudades, amistades, en busca de nuestro propio destino! ¡Cuántas veces dejamos atrás un gran amor a cambio de un intenso sufrimiento! No huyamos del dolor, sintamos ese ardor en el alma, sólo así realizaremos aquel salto fugaz hacia la pureza. ¡A través del sufrimiento aniquilemos todo aquello de vida que haya en nosotros, hasta darnos cuenta de que la vida no tiene nada que perder frente a la muerte!  


- La felicidad es una cara de la moneda y la tristeza es la otra, la vida contiene a ambas y ambas merecen ser celebradas


- interrumpí y, felizmente, ella no prestó atención.  


- Un sufrimiento que finalmente nos obligue a ver que no por estar vivos necesariamente vivimos, ni que por cruzar el umbral de la muerte, morimos.   No dije una palabra. Ella se había sumergido en aquel terrible sufrimiento que, años atrás, la había arrastrado a odiar el mundo mientras observaba con impotencia cómo éste le envenenaba el alma.  


- ¡Cuánto quisiera simplemente ser! Sin que me importe si soy simpático o aburrido, sin conclusiones, sin brillo; no ser lo que escucho ni lo que leo y menos lo que repito, tampoco ser las personas con quienes ando ni tampoco ser aquellas a quienes sonrío balbuceé, perdido en mis profundidades.  


- Pregúntate qué hay de ti en tus ojos llenos de nostalgia, al ver cómo tu vida se aleja sin siquiera estar consciente de que te pertenece. El hombre, el hombre, siempre buscando distracciones - añadió  Penélope -, el terrible miedo a la soledad. Corremos constantemente tras los placeres para obtener la felicidad a cualquier precio. Y cuando esos son los motivos que guían el alma, nos encontramos vulnerables a la tristeza, al aburrimiento y a la soledad; un camino seguro a la decadencia. Llegado ese punto, sólo un profundo dolor será nuestra redención. ¿Por qué llegar a eso? ¿Por qué no buscar convertir en armonía el desorden interior? Nos falta tanto por comprender, Mikael - dijo con un tono de voz que me hizo recordar la última vez que la había visto años atrás, como invadida por una profunda compasión ante la falta de entendimiento.   Me quedé en silencio con la mente ida, sintiendo lo que es ser... o estar. Me invadió aquella sensación de paz que produce el estar hablando con alguien que se ha despojado, aunque sea por un instante, de sus múltiples caretas, sin obligación alguna de hablar o escuchar. Por extraño que suene, me convertí en el silencio de la habitación y me sentí libre, libre de mí mismo, libre de mi imagen y libre del "Coloso de la Materia", quien, como se dice en los Andes, te ata al mundo, a lo físico, a lo material.  


- Penélope, me siento libre - le dije sintiendo que las palabras sonaban aún más claras a la luz de las velas.


- ¿Y qué es ser libre? o ¿qué es ser esclavo?


- Ser libre es hacer lo que yo quiera y ser esclavo obedecer órdenes.


- Mikael, me extraña tal respuesta viniendo de ti.


- A ver, esclavo es aquel que se deja llevar por sus apetitos. En realidad, Penélope, me es difícil definir la libertad cuando tal vez ni siquiera la conozca.


- Algunos filósofos piensan que ser esclavo es obedecer algo que es inútil para nosotros, y que ser libre es obedecer aquello que sí lo es. Pero es mucho más que eso...


- ¿Quieres decir que es la finalidad de la acción lo que me va a llevar a ser libre o esclavo? Entonces, ¡cuántas veces en la vida somos esclavos!


- Y, ¿cuántas veces soy inútil para mí misma siendo libre? - añadió Penélope.


- Entonces son mis decisiones las que me hacen libre


- deduje mientras encendía un cigarrillo. La habitación volvió a quedar en silencio.   Al poco rato un hombre tocó la puerta e ingresó. Penélope nos presentó. Él se llamaba Lucas y, a juzgar por su figura, concluí que tenía algo más de cincuenta años. Se le veía un hombre reservado y me provocó escucharlo, no sé si para juzgarlo o sentirme más inteligente que él al deducir que carecía de verdadero conocimiento, o a lo mejor sólo despertaba mi curiosidad. Pero si nos detuviéramos a observar nuestras intenciones más ocultas, nos daríamos cuenta de que todas las posibilidades anteriores son válidas, ya que no es extraño que tantas veces la mente nos traicione llevándonos a emitir un juicio sobre cualquier persona, sin siquiera otorgarle a esa gente unos segundos para respirar; las ocultas intenciones que van más allá de nuestro subconciente son infinitas. Mi ego me estaba traicionando y a la menor oportunidad mis inseguridades me forzarían a intentar impresionar a Penélope. Sentía celos ante aquel desconocido que llegaba ya tarde por la noche a casa de Penélope, "como si fuera la suya..." ¿Algún instinto que los seres humanos arrastramos del pasado nos lleva a proteger un territorio que ni siquiera nos pertenece? ¿Es qué puede jugar tanto con nosotros nuestra propia mente?  


- ¡Qué paz!


- suspiré recostándome contra la pared. Y eso es lo más irónico, que casi siempre decimos una cosa sin saber que en realidad por dentro nos pasa otra. Y no es que necesariamente seamos mentirosos, sino que nosotros mismos no tenemos la menor idea de lo que pasa en nuestro interior y terminamos pensando que es paz lo que sentimos, o... ¡amor!  


- ¿Paz? Mikael, ¡pero si en el universo todo es guerra, todo es caos!


- me dijo Lucas exaltado -. Las moléculas de tu cuerpo están en guerra, unas mueren otras nacen, los espíritus están en guerra, hay guerra en todos los planos, hasta los espermatozoides pelean por llegar primero al útero. Y la paz... ¡La paz es la esperanza de los cobardes!  


- ¿La paz es la esperanza de los cobardes?


- ¡Por supuesto!


- ¿Tú no anhelas la paz? - pregunté sorprendido. - ¡No! - Cuéntame por qué - solté una risa confundida.


- Esa es la gran diferencia entre un hermético y un esotérico. Un hermético es un Guerrero, un esotérico es un Sacerdote. Nosotros los herméticos dirigimos la lucha de la especie humana por sobrevivir.


- Creo más en el amor - lo interrumpí; inconscientemente tenía miedo de que me hiciera dudar de mis creencias, después de todo, éstas me producían una falsa seguridad.


- ¿Pero qué es el amor, Mikael? Es una virtud guerrera como la solidaridad, que permite que los seres humanos peleemos juntos contra enemigos comunes, contra las fieras, para salvar nuestras vidas. Lo mismo hicimos hace miles de años, cuando los lobos nos atacaban y lo mismo haremos en el futuro contra los extraterrestres.


- ¿Tú no crees que podría haber paz entre los humanos y los extraterrestres?


- ¡Nunca hay paz en el universo! ¡Jamás! Esta es la visión hermética.


- ¿Tú no crees que el futuro de la raza humana sea la paz?


- pregunté sorprendido.


- La armonía entre los seres humanos, puede que sí.


- Y eso es paz. Entonces esa es una esperanza que al menos tienes...


- Sí, pero la armonía entre los seres humanos es la condición para una guerra con éxito contra otros enemigos de la especie humana, como las enfermedades, la miseria, y si tenemos que luchar contra los extraterrestres, pues, les podremos ganar sólo si permanecemos unidos... si estamos divididos, no.


- ¿Cuál es tu visión entonces del amor, de la solidaridad, de la honradez?


- Son virtudes guerreras. Un guerrero es aquel que trabaja o lucha en equipo. Y cuando alguien pretende ser astuto, o por ejemplo roba, está traicionando al equipo de los seres humanos.


- ¡Entonces la raza humana está en extinción!


- añadí -. Esas virtudes guerreras están siendo reemplazadas por cobardía e indiferencia.


- Esos no son más que vicios que atentan contra el ejército de los seres humanos. El odio, el egoísmo, la ignorancia, nos divide. Al dividirnos peleamos entre nosotros y así permanecemos débiles ante los enemigos de la especie humana, y en un universo infinito donde hay billones de galaxias, tarde o temprano tendremos que luchar contra otras especies, tal vez más inteligentes o más avanzadas que la nuestra - concluyó Lucas, y dijo con intensidad: - "Toda verdad que el hombre pueda alcanzar será directamente proporcional a lo que pueda soportar."

 

PASOS EN FALSO

 

 


    Al día siguiente no pude resistir buscar a Penélope nuevamente. La inteligencia, el entendimiento y la conversación de Penélope me seducían. Ni qué decir de su largo pelo negro, siempre suelto, que resaltaba sus ojos verdes, aquella mirada limpia, labios sensibles. Una vez más, me dejaba llevar por un deseo que me quemaba por dentro. Me sentía aliviado al intuir que Lucas no mantenía una relación íntima con ella. La mente me empezaba a jugar trampas y me preocupaba de que pudiese existir algo entre ellos dos; por momentos imágenes sin sentido llegaban a mí. Por supuesto que yo, al no querer estar consciente de cómo la mente me traicionaba, me esforzaba por ignorar aquel vergonzoso proceso, de la misma manera que ignoro un millón de ideas, pensamientos e imágenes que pasan a través de mí día a día; sé que si me detuviera a reflexionar, no me sentiría orgulloso al descubrir en qué ocupo mi mente; esos pensamientos oscuros que están en mí... en nosotros.

Caminamos hasta un parque y nos sentamos a ver el mar desde el malecón. Penélope guardaba un silencio que, lejos de incomodarme, me inspiraba tranquilidad. Ella contemplaba, observaba, respiraba. Yo necesitaba saber que me deseaba.

- Esperé tantos años encontrarte, tal vez siglos - le dije como soñando despierto. Ella tan solo me miró y noté una leve separación en sus labios, como de aceptación -. Cierro los ojos - continué - y visiones de épocas remotas llegan a mí. Vivíamos cerca de campos dorados en una pequeña aldea sobre una colina. En la actualidad no nos condenarían por nuestras creencias espirituales ni por compartir con el pueblo nuestras verdades. Han pasado muchos siglos, el tiempo suficiente para cicatrizar nuestras heridas. ¡Tantas veces me viste partir en largos e interminables viajes o hacia una muerte segura!
- Una vez más este destino, a veces tierno y otras cruel, junta nuestros caminos - mientras ella hablaba me tomó de la mano y alcancé a ver una lágrima casi imperceptible correr por su rostro -. Una vez en una "regresión", una de aquellas hipnosis que nos llevan a vidas pasadas, tuve visiones de tiempos remotos, ciudades llenas de mendigos y de carretas; oscuros rituales ante fuegos enormes junto a mujeres vestidas de negro. Tenía yo entonces el rostro diferente, maltratado por una vida muy dura. Era una de aquellas brujas que practicaban rituales mágicos en Galicia antes de sufrir una trágica y cruel persecución. También estabas tú, llevabas una barba descuidada y la mirada aturdida, casi desesperada, tal vez por haber visto tanta sangre correr o por haber sido obligado a combatir, matando sin misericordia a hombres, mujeres y niños. Yo intentaba protegerte mediante rituales secretos, invocando fuerzas todopoderosas.
- Penélope...
- Mikael, ¡dejemos de engañarnos! - me interrumpió. Quedé paralizado.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Qué sucede cuando tenemos una regresión?
- Tenemos visiones...
- ¿Y qué nos hace pensar que son reales? - continuó -. ¿No será tan sólo otro juego mental? Creer que fuimos esto o que fuimos lo otro… ¿Quién no cree haber sido alguna vez un monje budista o haber tenido una reencarnación pasada en la India o en Egipto? Nos encantaría, ¿verdad? Y hasta pagamos por supuestas regresiones para así justificar nuestras fantasías mentales. ¿Pero quién dice que esas son realmente visiones del pasado?
- Pero... si la reencarnación existe - afirmé.
- ¿Quién lo puede asegurar? En todo caso, Mikael, si existe o no, ¡qué importa! En vida nunca lo sabremos; siempre existe la posibilidad de que tan sólo sea producto de nuestra imaginación.
- ¿No crees en la reencarnación, Penélope?
- Te repito que no importa, hay temas trascendentales y no creo que ése sea uno. Si existe o no, no cambiará mi vida en nada. Es más, probablemente el tema de la reencarnación y del karma sea tan sólo política.
- ¿Qué dices? - le pregunté asombrado de que estuviera hablando así de temas, para mí, trascendentales.
- Ha debido de ser muy fácil controlar a las masas a través del karma y de la reencarnación; "cualquier buena acción será recompensada, también pagarás por tus malas acciones. Gozarás o sufrirás todas las consecuencias de tus actos, y así tendrás la oportunidad de nacer una y otra vez para ir limpiando el karma de tus vidas pasadas". ¡Por favor! Puede ser cierto, sí, pero ¿qué importa? Uno no puede basar su vida en algo semejante.
- ¿En qué basas tu vida entonces? - pregunté fastidiado.
- Las religiones nos convierten en comerciantes. Si hacemos algo "bueno", se nos otorga un premio y, de lo contrario, si hacemos algo "malo" recibimos un castigo, acumulamos karma negativo o vamos directo al infierno. ¡Déjame decirte que yo soy una persona buena porque me nace ser así y no porque vaya a recibir algo a cambio! Si hay cielo o si finalmente la buena acción regresa a mí, pues maravilloso, pero yo no voy tras un premio, el cielo, karma positivo o cualquier otro tipo de puntaje. ¡Yo soy una persona buena con premio o sin premio!
- Cierto, Penélope. Vivimos en una sociedad en la que todo se basa en el comercio; ¡para la mente todo es negocio! Ésta se porta bien con la esperanza de recibir algo a cambio... Por supuesto que si alguien te escucha, automáticamente dirá: "No, yo no soy una persona buena porque vaya a recibir algo a cambio, sino porque me nace serlo." Y es que así somos la gran mayoría de los seres humanos - dije sintiendo algo de furia por mi propia condición -. Nos engañamos a nosotros mismos una y otra vez hasta el cansancio, al punto de tan solo vivir nuestras propias mentiras.- apreté ligeramente el puño como si estuviera consciente de los innumerables engaños que gobernaban mi vida.
- "Yo fui esto en otra vida", "estás sanando tu karma". No debería hacer ninguna diferencia si es cierto o no, al menos que quieras perder el tiempo en otro juego mental de categoría espiritual. Por supuesto que la mente nos engaña haciéndonos creer que es importante seguir ciertas doctrinas religiosas, hurgar en nuestras vidas pasadas, o correr al astrólogo, y nos hará encontrar motivos aparentemente válidos para hacerlo, pero es un camino circular más que una vía a la redención. ¡Quién alcanzó la iluminación haciendo regresiones o permitiendo que alguien le lea las cartas! La gente detiene su aprendizaje cuando está segura de tener la verdad entre sus manos.
- Puede ser, Penélope, puede ser - respondí pensativo y sin saber cómo interpretar su mirada.

¿Cómo hubiese podido descifrar su mirada? Llena de compasión por el largo camino que aún me faltaba recorrer, y, en sus profundidades, una belleza sagrada: Penélope sabía que ninguna enseñanza trascendental se puede transmitir de una persona a otra, ni siquiera de maestro a alumno. Cada persona deberá encontrar las respuestas por sí sola, digerirlas, y permitir que el aprendizaje madure hasta convertirse en experiencia. Hasta que ese aprendizaje forma parte íntima de nosotros.

Ella, con naturalidad absoluta, intuía que yo analizaba esta conversación desde el intelecto y, por lo tanto, nunca sería verdadero conocimiento hasta pasar por todo el proceso necesario y, por lo tanto, mantenía la fe de que algún día yo comprendiese, a profundidad, lo que ella en aquel instante intentaba transmitirme.

- La vida es sabia - vociferé sin imaginar que en aquel momento Penélope sentía compasión por mí -. Si la reencarnación existe, tenemos que olvidar todo a la hora de volver a nacer, de lo contrario sabríamos qué clase de personas fuímos y quedaríamos traumados para siempre. ¿Soportaríamos sentir el miedo que hemos llevado dentro a través de tantas vidas, el tormento de la muerte? ¿Cuánta sangre habrá corrido entre nuestras manos? ¡Si hasta hace tan sólo cien años aún permitíamos la esclavitud por una diferencia de color en la piel! Y, pensándolo bien, ahora hay más esclavos que antes. ¡Esclavos del capitalismo! - recordé cuánta gente se encuentra esclava por unas monedas en tantos hogares, en tantas empresas, en el mundo entero, aquí y ahora.
- Sí, y sin necesidad de cruzar fronteras observamos con indolencia colectiva muertes innecesarias. También hay gente que considera que sus apellidos son de oro. - Penélope fue bajando el tono de la voz, con la mirada fija en el vacío de aquel que ha descubierto cómo retumban los tambores en este absurdo circo en el que vivimos.
- En otras épocas fuimos bárbaros. ¿Qué sucedía cien años atrás en cualquier parte del mundo? ¿Qué sucede ahora? ¡Qué son cien años para la historia de la humanidad, si hace tan sólo dos mil años nació Jesucristo! Si existe la reencarnación, es muy probable que alguna vez hayamos sido despiadadamente salvajes - concluí.
- Por lo tanto dejemos todo como está. No ganaremos nada hurgando en el pasado, Mikael. ¡Si es que hay un pasado! Conoce tu mente.
- Somos seres tan inseguros, Penélope. Es esta inseguridad la que nos lleva a inventar respuestas ante las interrogantes que acompañaron al hombre por siempre.
- ¡Exacto! Hay un dios y un purgatorio; si soy buena volaré como un ángel, si no lo soy, me consumiré en llamas o acumularé el tan indeseable karma negativo. De esta manera el hombre crea aquella falsa seguridad que necesita para vivir. Así con orgullo pretende pisar tierra firme, sientiéndose seguro dentro de su fortaleza de papel, pero al menor soplo de viento, llora y maldice, por haber basado su realidad en una mentira. El sufrimiento impulsa a la gente a buscar su verdad interior. ¿Te has preguntado alguna vez, Mikael, qué te lleva a través de esta búsqueda espiritual?

Quise responder que el deseo de ser una mejor persona o alguna otra mentira en la cual yo creía ciegamente. Observé cómo mi mente empezaba a crear respuestas inmediatamente. ¡Ridículo... pero cierto! Rara vez lograba ver ciertos destellos que por breves segundos disolvían el mundo de sombras en el que me movía. Una tenue luz que a duras penas lograba traspasar la tremenda mentira que mi mente había creado a lo largo de mi vida, para justificar mi existencia y la realidad; destellos casi imperceptibles que me permitían ver cómo creamos un mundo que se ajusta a nuestras necesidades egoístas y, sobre todo, a nuestras inseguridades. Y lo llamamos "el mundo real"... y lo justificamos.

- ¿Qué fue lo que te llevó a iniciar esta búsqueda? - insistió Penélope. Ella no preguntaba por curiosidad, sino por presionarme a que fuese sincero conmigo mismo.
- Probablemente haya sido la necesidad de sobrevivir, buscando cómo extinguir ese sufrimiento que me incineraba por dentro. El sentirme... tan vulnerable. Ningún miedo puede ser más grande que el que sentimos de nosotros mismos. ¡Aquel terror a que finalmente terminemos por autodestruirnos! Un miedo que me conducía a buscar poder y así protegerme de aquel demonio que llevo dentro, y que también existe en las miradas de los demás.
- ¿Buscabas protección o dominar a los demás?
- Es ese instinto de supervivencia que proviene de nuestros abismos interiores. ¿Quién no quiere escapar de tanto sufrimiento? ¿Qué hacer con esta furia que nos consume?
- Esas carencias o inseguridades nos llevan por caminos sumamente difíciles, pero maravillosos. Rutas que requieren de un valor extremo porque nos obligan a buscar una verdad sin darnos la certeza de que la encontraremos. Nunca te detengas en la primera respuesta que encuentres, Mikael, pues te convertirías en piedra, en un dogmático, en una persona que cree firmemente que ha encontrado "la verdad" y, lo que es aún peor, la defiende a cualquier precio, por comodidad, por conformismo y, por supuesto, una profunda cobardía. Ama ser un eterno buscador.

Me dio la impresión que Penélope sabía lo duro que es soportar la tormenta que se produce cuando se agitan nuestros mares internos, y la rabia, la impotencia, y la carencia de amor que creímos haber hundido en el pasado, sale a la superficie, ahogándonos una y otra vez en nuestras propias miserias, oscuros maretazos.

Le dije que sí con gesto silencioso mientras pensaba en cómo el ser humano se refugia tras la primera "verdad" que encuentra. "Hay un dios, hay un infierno, existe la reencarnación". Y permanece congelado en el tiempo defendiendo su supuesta verdad hasta el final de sus días, como si el cumplir con ciertos requisitos religiosos ayudara a tolerar el tan común miedo a la muerte.

- Penélope, ¿tener fe es no tener dudas?
- La duda y la fe no son opuestos, de la misma manera que la luz y la oscuridad tampoco lo son.
- ¿Cómo que la luz y la oscuridad no son opuestos?
- La oscuridad es sólo ausencia de luz, al igual que la fe es la ausencia de duda. Nunca podrás destruir la luz por traer oscuridad hacia ella. La duda, la duda... Todo esto es como el amor, en el amor no existen las cantidades. Tú amas o no amas, no existe el "te amo mucho" o "te amo poco". Si te esfuerzas en hacerle saber a una persona que la amas "mucho" es porque en tu corazón habita la duda, o el enojo, o los celos, algo que no es amor, y para esconderlo intentas demostrar un entusiasmo sobredimensionado; de otra manera, simplemente amas. Nadie puede amar mucho o poco, y a quien afirme lo contrario me atrevo a decirle que no sabe qué es el amor, ya que el amor lo abarca todo y no conoce cantidades. Por eso hay tanto fanatismo religioso en el mundo, porque en el fondo de su corazón existe la duda. Por eso intentan imponer su religión, de la misma manera que se la están imponiendo a ellos mismos. Para aquella persona que tiene fe no existe ninguna duda en su corazón y, por lo tanto, no tiene ninguna doctrina o creencia que imponer a los demás.
- ¡Dices que una persona de fe no formaría parte de religión alguna!
- Por ejemplo, ser cristiano, o no serlo, es una decisión que un individuo debe tomar por sí solo. Lo que sucede es que muchas veces una persona decide convertirse a determinada religión en un intento por ahogar la duda que existe en su interior. Eso no funcionará. La fe es algo inherente al ser humano, en cambio la duda es algo que se aprende. Muchas personas dicen creer en una Fuerza mayor, pero la duda habita en su interior como una lenta agonía, esperando el momento propicio para darles la estocada final, aquel momento en el cual traicionan sus principios, creencias y valores.
- Yo creo tener fe - dije.
- Querido Mikael, tener verdadera fe requiere de inmenso valor - me dijo suavemente. Ella sabía que yo no conocía las dimensiones de la fe.

------------------------------


 Un ligero temblor recorrió mi cuerpo al despedirme. No tuve el valor de rozar tu piel; mi propia cobardía no me lo permitió al no tener la seguridad de que tú también me deseabas. ¿Cómo perdonarme el que, una vez más, haya dejado mis sueños de lado por miedo al rechazo?

 

EL CORAZÓN DE LOS ANDES

 

 

Incrédulo, encendía un cigarrillo tras otro mientras miraba la calle desde la ventana de mi habitación. Una densa neblina cubría la ciudad y parecía cegar a muchos de sus habitantes. Caminaban de un lugar a otro apresuradamente, corriendo tras su futuro, tal vez huyendo de su pasado, pero en aquel presente el amor al prójimo brillaba por su ausencia; un gran vacío espiritual reposaba inerte sobre la avenida, apoderándose de ella y sus transeúntes, y yo no quería formar parte de aquel extraño mundo tan distante y ajeno.

Penélope había vuelto a desaparecer en algún otro de sus viajes, y qué falta me hacía. Me volví a encontrar solo ante la falta de respuestas, solo ante todos aquellos extraños seres que predican determinada verdad e indiferente al estilo de vida impuesto por la sociedad. Desde mi ignorancia y confusión nacía el desesperado anhelo de buscar respuestas que le dieran un sentido a la comedia que tenía al frente.

- Fracasé en mi arduo proceso de autodestrucción - dije con voz burlona mientras llenaba de nicotina mis pulmones; al exhalar, el humo encontraba sus propios limites al chocar con la ventana, expandiéndose en todas las direcciones.

A las puertas del nuevo milenio, recordaba a mis amigos diciendo: "Vamos de fiesta al Cuzco", "vayamos a surfear al norte", "hay un rave en la playa", y me sumergía en una soledad aún más profunda. Estaba cansado de observar aquel cielo gris, sin nubes, sin vida, guardar ese silencio impenetrable ante mis dudas, ya no le pediría nada, estaba decidido a intentar tomar aquello que, según la tradición, me ha pertenecido a través de la eternidad. Decidí viajar por los sitios de poder en el Perú.

Pocos días antes del nuevo milenio partí en un automóvil hacia el Cuzco, pasando por Nazca y Abancay. Hermosas niñas serranas, con ropas de vivos colores, se paraban al pie de las montañas a observarnos. En el vehículo, unos amigos se divertían fumando un porro por aquí y otro por allá, un falso carnaval. Habían comprado todos los placeres necesarios para divertirse y algunos de ellos parecían estar frente a una paz muy lejana. ¿Cuántas veces hemos vivido rodeados de una mística irreal que pasa demasiado fácil de lo espiritual a lo profano? Y los días pasan, nada nos satisface y cualquier fiesta es igual que la anterior.

Al llegar al Cuzco fue imposible no sentir la energía del lugar y no dejarme hipnotizar por aquellos profundos cielos serranos. Al sentir la conexión de mi espíritu con la esencia del lugar, me sentí de acero, el tiempo se detuvo y un rayo de luz atravesó mi mirada. Mientras dejaba a mis amigos atrás y me dirigía a solas rumbo al Valle Sagrado, observé algunos indios de mirada penetrante, el rostro fiero marcado por una vida dura, su cuerpo erosionado por la naturaleza. Estos indios siempre estuvieron ahí, y sus espíritus perdurarán en aquellas montañas porque pertenecen a una época que es eterna. Nosotros no somos más que pasajeros en tránsito, ignorantes del daño que le ocasionamos a este extraordinario planeta, mientras aquellos indios simplemente viajan sobre la esfera terrestre observando cómo la naturaleza les da lo indispensable para vivir, libres de los conceptos del hombre moderno. Para estos hermosos seres las cosas son simplemente como son; si hay cosecha habrá comida, y punto.

Sentía una tremenda nostalgia por los amigos que iban desapareciendo mientras tomábamos diferentes caminos, perdiéndolos en el mapa de la memoria. Me preguntaba cómo amistades tan intensas lentamente pasan al olvido. El silencio se convertía en mi único acompañante; no había gente alrededor hablando sin cesar por no estar en paz con sus propios pensamientos, buscando en la conversación y en la compañía huir de sí mismos. Veía el cielo en constante movimiento girando sobre mi cabeza, las ramas sacudidas por el viento, las hojas que caen, los árboles se estremecen, eterno movimiento, al igual que todas mis células, como el Universo mismo. Al observar el mundo a mi alrededor en constante transformación, me preguntaba qué es real y qué es ilusión en el absurdo del tiempo y del espacio.

Después de cruzar un laberinto de flora y fauna, llegué a un templo en el Valle Sagrado. Desde allí, perdido en los Andes y tan distante de los mares, visualizaba en profundas meditaciones ballenas navegando a través de los océanos y sus abismos, escuchaba delfines silbando en alguna frecuencia extraña. Sentía un profundo amor hacia aquellos seres, tal vez más sabios que el hombre y que han sido símbolos permanentes a lo largo de mi camino. Estas eran imágenes que aún no sabía interpretar y que cobrarían vida, literalmente, en una remota isla en el futuro; sólo ahora, totalmente asombrado desde mi hogar en la Polinesia, comprendo.

Observé las montañas a mí alrededor recordando historias que describían ciudades de cristal en los Andes que permanecen ocultas a los ojos del hombre y sospechaba que existía bastante más en este Universo de lo que mis ojos alcanzaban a ver.

Encontré unas cuantas personas con acentos extranjeros a la entrada del templo. Vi algunas cabañas de madera que se perdían en la espesura del valle y una inmensa pirámide que, curiosamente, era de cristal. Entramos en ella y desde adentro alcancé a ver tres águilas errantes volando a través de aquella inmensidad azul. Tenía que encontrar respuestas y aprovecharía cualquier oportunidad para aprender sobre aquellos temas que me obsesionaban, y lo primero que encontré fueron, claro está, temas esotéricos: las diferentes maneras en que fluye la energía a través de una diversidad de canales que llevamos en nuestros diferentes cuerpos, astrología, cristales, y muchos otros temas que me parecían muy interesantes, pero que a la larga me alejaban cada vez más de lo que buscaba en esencia.

Había un grupo de no más de veinte personas de diferentes nacionalidades en ese lugar y aún recuerdo cómo, cuando el día se hacía noche, la luna atravesaba la densa vegetación anunciando la hora de comer nuestra sopa de legumbres y un guiso serrano sin carne. En aquel lugar aprendí que los seres humanos somos malos carnívoros. El león mata a la cebra y se la come al instante, y lo mismo ocurre en los océanos; sin embargo, nosotros comemos animales que no sólo están repletos de antibióticos, hormonas, y han sufrido muchísimo en vida, sino que al ingerirlos ya están en estado de putrefacción, es decir, nos alimentamos de cadáveres. Y nos vamos envenenando, contaminando nuestra sangre, lo cual no sólo nos altera emocionalmente, sino que nos impide tener entendimiento, y así despertar de la ilusión en la que vivimos.

Óscar, un colombiano de mirada muy pura, me preguntó:
- Mikael, ¿te han hablado de los Grises?
- No, ¿quiénes son?
- Pues, viven en otra dimensión.
- ¿?
- Dicen que es una raza de cíclopes muy avanzada. Por alguna razón su civilización estuvo al borde de la extinción. Sobrevivieron gracias a sus conocimientos de clonación, pero sus hembras no lo lograron y ahora necesitan de nosotros para reproducirse ya que ellos son todos iguales. Andan al acecho, pero nosotros estamos protegidos por razas superiores.

Y así fui escuchando algunos otros cuentos esotéricos.

Por la madrugada hacíamos yoga como saludo al sol, celebrando aquel conocimiento milenario que nos confirmaba que la vida ocurre gracias a la luz estelar, que toda forma de vida sobre el planeta se nutre de la radiación de esta estrella amarilla y que, a través de la magia celular, transformamos en energía. Recuerdo que, a pesar de las explicaciones que me había dado Penélope, intenté hacer varias regresiones a vidas pasadas. Recién comprendo que ésa era la única manera en que podían ocurrir las cosas, ya que en la búsqueda de conocimiento toda enseñanza se aprende a través de la experiencia; los instintos y las emociones no se pulen con el conocimiento sino con las vivencias.

Poco antes de la medianoche hicimos un ritual andino para recibir el nuevo milenio con el fuego de la transmutación y el agua de la renovación. Fue aquella noche la primera vez que tuve conciencia de ser espíritu; ocurrió mientras dormía. Sentí claramente cómo el cuerpo, el vehículo de la mente mediante el cual recibe gratificación sensorial, pasa al olvido durante unas horas. Intuí que la mente se aleja cada noche de esta dimensión durante el sueño, agotada de explorar el mundo exterior, y emprende un viaje interior a dimensiones desconocidas. Sentí que es el espíritu el que le da vida al cuerpo, conciencia a la mente; sospeché que es el espíritu el que nos habla en el silencio a través de las aguas quietas de la mente.

Me desperté al día siguiente listo para continuar mi búsqueda hacia el Lago Titicaca, el más extenso y hermoso de la América Meridional, nombre que puede ser traducido como "Puma de Piedra", el lago navegable más alto del mundo, y sobre el cual hablan muchas de las más importantes leyendas del mundo andino. Este lago ha sido considerado desde siempre sagrado por los chamanes y antiguos hombres de conocimiento; un indígena de apariencia humilde alguna vez me dijo que, desde las alturas, se puede apreciar como el lago tiene la forma de un puma cazando una vizcacha. Óscar, al despedirme, antes de partir del Valle Sagrado, me dijo que ya había empezado el segundo milenio y que la era de Piscis iba quedando atrás, la época de la fuerza de la religión, de la fe ciega, y la conquista de los mares y los océanos. Según él, en este segundo milenio, entrábamos a la era de los viajes espaciales, la era de Acuario, y todos los misterios se revelaban de tal manera que los seres humanos pudiéramos descifrar el enigma que se esconde tras nuestra identidad.

 

LA VÍA DE LA VIRTUD

 

 

- "No tengo tiempo para perder tiempo" - me dije, y partí esa misma noche al Lago Titicaca en Puno, ciudad del Altiplano ubicada a cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Llegué poco antes de la madrugada y sólo me esperaba un viento helado que me penetraba los huesos. No había un alma por aquellas calles llenas de fango y lodo debido a lluvias torrenciales. Me dirigí caminando al pequeño puerto de la ciudad a esperar que amaneciera; el misterio me atraía de tal manera que casí no presté atención a los escalofríos o el cansancio.

El amanecer me abrazó en medio de aquella soledad y logré tomar una pequeña embarcación a la isla de Amantaní, en aquel misterioso lago. Al llegar me hospedé en una choza de amables nativos por un precio simbólico; en aquel entonces aún no tenían las comodidades del hombre moderno, tampoco baños ni electricidad, ni siquiera tenían la menor idea de cómo se vive en las ciudades ya que tampoco existía televisión alguna, ni qué decir de policías, carreteras, y, curiosamente, tampoco vi ningún perro. Noté con algo de asombro lo extremadamente blancos que tenían los dientes y más tarde me enteré de que rara vez comían carnes rojas debido a la ausencia de ciertos animales en la isla; subsistían de una agricultura artesanal. Me divertía observando a los psicodélicos sietecolores, aves de plumaje amarillo, azul, verde y blanco, y que construyen sus nidos en las hojas secas de totora.

Ya por la tarde, sintiendo la falta de oxígeno, subí a solas la parte más alta y deshabitada de la isla, a cuatro mil quinientos metros de altura, y encontré el centro ceremonial de Pacha Tata, donde se celebran rituales mágicos desde hace miles de años hasta la actualidad. Desde aquel impresionante lugar podía ver, trescientos sesenta grados alrededor, cómo las aguas turquesas de aquel lago sagrado bañaban la isla. Desde las alturas comprobé cómo en la isla todos llevaban una vida natural, levantándose al alba y regresando a sus hogares apenas el sol empezaba a ocultarse en el horizonte debido a la falta de electricidad.

Un fuerte viento movía la noche y pude ver a la luna en cuarto creciente sobre Amantaní. Decidí introducirme en el templo. No iba a parar hasta encontrar aquello que no sabía qué era y, sin embargo, buscaba. Hice una invocación y me senté quieto en un misterioso y absoluto silencio que se prolongó, siempre esperando realizar algún tipo de contacto con alguna fuerza desconocida o recibir una señal.

El frío se hizo más intenso y al cerrarme el abrigo sentí que llevaba un sobre en el bolsillo: era la carta que me había dado Lucas antes de partir.

"Querido Mikael,

Permíteme darte unas claves que pueden ser útiles en alguna etapa de tu búsqueda. Hay tres tipos de conocimiento: el primero es el conocimiento religioso. Ellos creen ser dueños de la verdad y, por miedo a descubrir que pueden estar viviendo un engaño, predican que todo lo opuesto a sus creencias es falso y es pecado. Es su propia falta de fe la que los lleva a intentar manipular a las masas a través del miedo. Las tradiciones religiosas son numinosas, crean deidades a las cuales atribuyen poderes misteriosos y fascinantes.

También está el conocimiento esotérico, que les permite contemplar otras religiones pensando que tal vez la sabiduría esté esparcida por el mundo, lo cual quiere decir que dudan; tal vez ahí nace la sabiduría, cuando despierta la duda. Los esotéricos creen que hay maestros o ángeles guardianes, y la mayoría de veces se pierden en el camino, estancándose al dejarse llevar por el morbo o la curiosidad, ya que se distraen aprendiendo sobre el tarot, quiromancia, lecturas sobre el futuro, y tantos otros temas que los obligan a andar en círculos una y otra vez. Esos dos tipos de conocimiento se encuentran al alcance de todos, pero ninguno representa el verdadero conocimiento; cumplen su función en el universo al proporcionar cierto equilibrio espiritual, pero no es la máxima sabiduría.

El conocimiento que lleva a la Inmortalidad y que te puede llevar a convertirte en un Hombre-Oro, es el conocimiento hermético. Éste no está al alcance de todos, pues requiere de un gran proceso de integración con uno mismo y mucha investigación. Los conocimientos secretos de las antiguas Escuelas Herméticas han desaparecido, pero se pueden rescatar a través de la correcta interpretación de los símbolos y los números. El conocimiento hermético se encuentra hábilmente camuflado en las tradiciones religiosas y las costumbres populares. Estamos rodeados por este tipo de conocimiento pero, a pesar de que las claves están al frente de nosotros a lo largo de nuestras vidas, nos es muy difícil llegar a interpretarlo.

A través de toda la historia de la humanidad, el conocimiento hermético jamás estuvo en manos de las masas; sólo aquellos que hayan podido dominar cuatro de las doce pruebas o virtudes que transforman a los hombres en dioses han tenido acceso a él; aquellos que alcanzaron la inmortalidad han sido muy pocos. Recuerda que no basta con ser un mago, Mikael, hay que escalar los treinta y tres peldaños que conducen de la Vía de la Magia a la Vía de la Virtud."

Sentí una presencia a mi costado y giré rápidamente. ¡Qué susto me llevé! En medio de aquella oscuridad me pareció ver a un tigre dar una vuelta fugaz a mí alrededor. Aterrorizado me paré de golpe, pero no había nada. Intenté tranquilizarme recordando que el tigre es el símbolo del Maestro, ya que la serpiente no puede serlo porque jamás podría llegar al cielo, y un ave tampoco, ya que sobre la tierra sería presa fácil. De todas formas siempre supe que no estaba solo.

                          -------------------------
Regresé a Puno e hice los trámites burocráticos correspondientes para cruzar la frontera a Bolivia. Me trataron con la amabilidad innata de todo aquel que trabaja al servicio del Estado en un país tercer mundista; una hora más tarde llegaba a Copacabana.

Discutí los precios con los capitanes de una y otra embarcación y me dirigí a la Isla del Sol, también ubicada en el Lago Titicaca pero en la parte boliviana. No estaba solo, me acompañaba Vicente, un malagueño joven, y Danitza, una sueca de unos veintitrés años que hablaba el español a la perfección. Desde el primer momento se me fueron los ojos por ella.

- ¿Cuánto te cobraron por el viaje a la isla? - me preguntó el español.
- Quince bolivianos - respondí.
- ¿Qué? ¡A mí veinticinco! - dijo sorprendido mientras miraba indignado al capitán.
- Hombre... ¡Qué sigue siendo un buen precio! - le dijo Danitza abrazándolo. Intuí que era su novia, lo cual no desvanecía la ilusión.
- Nada está escondido si no es para ser revelado - balbuceé. En aquel entonces aún no sabía mantener la boca cerrada, como si fuera mi deber informar, lo sepan o no, de que estaban en un lago lleno de misterio y poder.
- ¿Qué quieres decir? - me preguntó Danitza -. Cuéntanos de qué estás hablando...
- Todo es cuestión de mirar a través del ojo de Horus - respondí -, quien en la simbología egipcia siempre está de perfil, ya que tiene un ojo para ver las verdades visibles y otro ojo que no se ve, para intuir las verdades invisibles de la naturaleza.
- ¿Por qué dices eso? - me preguntó Danitza con la típica curiosidad de una muchacha de su edad.
- Bueno, hay muchas leyendas...
- ¿Y cuál es la leyenda de este lugar?
- Se dice que de este lago salieron Manco Cápac y Mama Ocllo a fundar el imperio del Tahuantinsuyo, el cual se extendió hasta Ecuador, Chile y Argentina. Yo creo que hay bastante más escondido detrás de todo eso; pienso que ellos realmente existieron. He descubierto algunas antiguas leyendas andinas, casi perdidas, que los llamaban Amaru Muru y, su mujer, Mara. He escuchado a ciertos chamanes decir que en honor a ella existe aquel poblado llamado Maras en el Urubamba, en Cuzco.
- ¡Sí, estuvimos allá antes de venir! - interrumpió Vicente.
- Se dice que la palabra Urubamba viene de un antiguo dialecto andino, de la palabra "uru-pampa" que significa "lugar de luz."
- No sabíamos, pero síguenos contando de Amaru...
- ... Muru. Antes que nada es bueno recordar que una leyenda está siempre más cerca de la verdad que el mito. Se dice que miles de años atrás existía aquel continente perdido de Lemuria, no se olviden que este planeta tiene una antigüedad de más de cuatro billones de años y ha sobrevivido a innumerables diluvios y catástrofes. La civilización de Lemuria era muy adelantada y Amaru Muru y Mara eran dos grandes Maestros de aquel continente, ahora perdido, que vinieron a iluminar a las antiguas poblaciones tribales de América. Hay indicios de que el continente de Lemuria podría haber estado conectado con el Lago Titicaca. Son leyendas que han sobrevivido a través de los siglos; lo que sí se sabe es que las culturas que se desarrollaron en América tenían una increíble organización política, social y religiosa, y una profunda comprensión de las leyes de la naturaleza y del cosmos.

Ellos escuchaban atentamente.

- Me pregunto cuánto habrá de cierto en aquellas leyendas, y si durante la evolución de la humanidad habremos recibido algún tipo de ayuda. - continué, apasionado con el tema -. ¿O creen que Cristóbal Colón de verdad llegó por casualidad a América, a pesar de que él pensaba que había llegado a la India? ¿Ustedes creen que después de los millones de años que lleva el hombre sobre la Tierra, recién en el siglo veinte, de un momento a otro, vamos a construir máquinas que dan una vuelta a la Tierra cada hora y media, y otras que llegan hasta los límites de nuestro sistema solar? ¿Cómo va a ser posible? ¿En la historia de la humanidad qué son ciento cincuenta años? ¡Pues ése fue el lapso de tiempo aproximado entre que se empezaron a fabricar los primeros vehículos terrestres motorizados y la conquista de nuestro sistema solar! - Danitza y Vicente estaban desconcertados.
- Hay teorías - añadió Vicente -, de que no vinieron de otros continentes a poblar América, sino que el europeo, al venir a América, "regresó a la tierra de sus ancestros". Mikael, me recuerdas al antropólogo Florentino Ameghino quien aseguraba que el hombre no vino a estas tierras por el estrecho de Bering, sino más bien por allí salió. Este continente pudo haber estado habitado muchos miles de años atrás y esas civilizaciones tal vez se extinguieron, a lo mejor no; hasta ahora es difícil de comprobar a través de métodos científicos.
- Nadie sabe la verdad pero debemos mantener la mente abierta. He escuchado a filósofos decir que para un buscador de la verdad sólo hay dos caminos, la huida y el combate. El camino de la huida es refugiarse en una respuesta y decir que todo lo demás es absurdo, ya que aquella respuesta proporciona seguridad, ya sea porque es la opinión común o porque lo dijo algún personaje a quien parte de la humanidad considera célebre.
- El camino del combate será la continua búsqueda de la verdad - dedujo Danitza -, ya que nadie sabe cuál es.
- ¡Exacto! - después de aquella conclusión estaba totalmente enamorado de Danitza -. Es desvelar algo que es pero que no se conoce. Como dice Machado, "caminante no hay camino, se hace camino al andar." ¡Cuando camino ya no estoy paralizado con mi pregunta, sino voy tras una respuesta!
- Para que exista un Camino, hay que caminar. - dedujo Danitza.
- Síguenos contando de aquel Maestro que salió de este lago - pidió Vicente.
- ¿Han escuchado de las ruinas de Ollantaytambo en el Valle Sagrado?
- Por supuesto, las visitamos cuando estábamos en el Cuzco - respondió Vicente.
- ¿Y qué les dijeron los guías turísticos del lugar?
- La verdad es que no recordamos nada - respondieron ambos mirándose entre risas.
- Tal vez ellos mismos no sepan mucho ya que son conocimientos secretos. Les podrán decir la parte histórica: se dice que Ollanta fue uno de los últimos Incas y se defendió ferozmente de un plebeyo que se enamoró de su hija. ¡Pero hay muchísimo más! "Tambo" significa "lugar"... lugar donde se iniciaba... - un segundo de silencio nos envolvió -. Amaru Muru llegó a Ollantaytambo dispuesto a ayudar a los nativos de aquel lugar a evolucionar. Si ven la ciudadela desde cierta altura, verán que tiene la forma de una llama; de esa manera inspiró a los nativos del lugar a construir ese Templo Iniciático, ya que de ese auquénido ellos obtenían su alimento, de la lana hacían sus vestidos y de los huesos sus herramientas.
- Sí, sí vimos que tenía forma de llama desde la altura, un guía nos lo mostró - interrumpió Vicente.
- Pues, lo que no les dijeron es que aquel era un Templo de Iniciación mucho antes de la llegada del Inca. ¡Imagínense! Cuando el Inca llegó a Ollantaytambo, el lugar ya se encontraba en decadencia espiritual. ¡Allí vivieron grandes iluminados! Me hubiese encantado servirles de guía, no olviden que desde épocas remotas el conocimiento ha sido esculpido en piedra para que el hombre del futuro no olvidara su verdad espiritual y pudiese activar sus centros energéticos. En los restos arqueológicos del Valle Sagrado, ¡se puede ver claramente el desarrollo del hombre sobre la materia!
- ¿Cómo sabes eso? - preguntó Vicente, llevado por la curiosidad.
- Nada está oculto si no es para ser revelado - repetí -. Todo está registrado. Alguna vez visualicé como todas aquellas ruinas, formadas por grandes bloques de piedra, fueron del cristal más puro jamás visto. Probablemente se fueron convirtiendo en piedra a medida de que el pensamiento del hombre iba degenerando - dije con cierta tristeza y perdido en mis visiones; ya no tenía ganas de conversar, de todas formas ya había hablado demasiado. Me recosté a un lado de la embarcación a ver si podía reflejar la mente en los azules de aquel lago maravilloso, mientras nos acercábamos a la misteriosa Isla del Sol.

Desembarcamos al caer la tarde y empezaban a correr fuertes vientos. Me apresuré en conseguir una cabaña donde dormir y así protegerme del frío, ya que en aquel remoto lugar no había hostales ni nada por el estilo, y menos electricidad. Sentí una pequeña desilusión al ver a Danitza perderse con Vicente por alguna parte de la isla y decidí ir en busca de algo para comer, así burlar la sensación de soledad que me daba el estar en aquel lugar tan alejado de la civilización; los últimos rayos de sol se desvanecían y con ellos la oportunidad de poder encontrar algo para alimentarme. Logré encontrar una pequeña posada de adobe con dos mesas en el interior y vi a un gato andino durmiendo plácidamente sobre una de ellas. Una niña con pollera y un manto negro sobre la cabeza me acercó "la carta". Había tres platos diferentes de suche y una sopa de verduras.

- Yo no como pescado - dije rascándome la cabeza -, pero tendré que hacer una excepción, después de todo con este frío... y necesito recuperarme -. Por favor cocina un suche con verduras.
- Ya se nos acabó el suche - me respondió la niña con voz tímida.
- Bueno, entonces la sopa - y hubo un pequeño silencio que se hizo eterno; sentí temor por si me decía que tampoco había sopa. Se me escapó una sonrisa al ver a la niña correr hacia la parte trasera de la casa de barro.

- ¡La felicidad está en el fondo del plato! - concluí mientras me tomaba el último sorbo existente en el tazón. Al salir de la cabaña ya había caído la noche y un manto de estrellas cubría el cielo. Me dirigí a las orillas del lago y, a pesar del frío, me eché a contemplar la noche estrellada. La verdad es que tenía la certeza de que era posible establecer contacto con alguna fuerza que pudiera develar el insoportable misterio que la vida representaba para mí. Sentía que no estaba solo y tal vez estaba perdiendo la cordura al tener la seguridad de que existían seres en dimensiones desconocidas. Ignorando la soledad en la que me encontraba, me aventuré dentro de una cueva cercana. Me senté con las piernas cruzadas e invoqué protección, así esperé en completo silencio durante horas realizar algún tipo de contacto, pero nada ocurrió. Me fascinaba poner en práctica la poca magia aprendida en los primeros años de búsqueda a pesar de no poder establecer contacto con seres que me ayudaran a descifrar los misterios de mi existencia; respuestas que probablemente nunca encontraría, pero a pesar de ello tenía una certeza: que me encontraba completamente solo en una misteriosa isla y no era el azar el que me había llevado hasta allí.

Abandoné la cueva con traquilidad y satisfecho por los frecuentes destellos de magia que inundaban mi vida, los cuales anunciaban presencias invisibles a mis ojos. Me eché sobre la arena a orillas del lago y mi mirada se perdió tras alguna imagen de la Vía Láctea, una de los doscientos billones de galaxias que conforman nuestro universo. Intenté imaginar los cuatrocientos mil millones de soles que giran alrededor de sólo esta galaxia con todos los colores y misterios que van más allá de toda comprensión. Uno de todos esos miles de millones es nuestro Sol. Nosotros habitamos un pequeño planeta que gira alrededor de él y hasta ahora sólo hemos podido aterrizar en cuatro mundos diferentes. Recordé que los seres humanos somos tan solo una de los cincuenta mil millones de especies que han logrado evolucionar en este planeta.

Sintiéndome observado por seres en el espacio y ya habiendo vivido experiencias extrasensoriales en el pasado, mentalmente volví a esforzarme por establecer contacto: "Sé que me observan. ¡Comuníquense!". Observé tres cometas viajando sin rumbo aparente; la seguridad que tenía de estar siendo observado era cada vez más intensa, y me engañaba al pensar que todo lo tomaba con calma cuando en realidad estaba a solas en una isla perdida, obsesionado por establecer contacto con seres de otras dimensiones.

Descargas fulminantes se encendían iluminando gran parte del horizonte. La noche se incendiaba ante mis ojos; un espectáculo extraño y, definitivamente, sobrenatural. Pero aquellas visiones no alcanzaban a distraerme del profundo anhelo que llevaba en el corazón por comprender. ¿Cómo establecer contacto verbal o telepático con una fuerza superior y así alcanzar la fuente de sabiduría? Rendido, decidí darle la espalda a aquellas explosiones visuales y regresé a mi diminuto, y tan alejado del mundo, albergue a orillas del lago. No tenía cómo prender la vela y me sentía observado a pesar de la ineludible sensación de soledad que me producía el estar en aquella extraña isla. Con cierto temor corrí una pequeña porción de la tela que hacía de cortina y miré a través de la ventana. El lago se veía sereno, la noche continuaba estrellada, y yo tenía la certeza de que estaba bastante menos solo que antes. Me saqué las botas para meterme a la cama, pero no la ropa, no sé si debido al frío o porque así me sentía más protegido en caso de que algunas formas misteriosas de vida decidan ya no permanecer ocultas ante mis ojos.

Leave a Reply