NACI SIN NOMBRE

“Hay quien piensa que la acción de golpear es el golpe:
pero golpear no es dar un golpe, ni es dar muerte, matar.
El que golpea y el golpeado
no son, uno y otro, sino un sueño carente de realidad”.

Extracto del poema “Brahma” de EMERSON.


“Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente”.

SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y amor.

She’s a moonchild
Gathering the flowers in a garden
Lovely moonchild
Drifting on the echoes of the hours.

KING CRIMSON.



Hemos clasificado al mundo en distintos reinos. A todo le hemos puesto un nombre, y los seres humanos arrastramos la pesada carga de lo que estos nombres representan como una condena. Tenemos que “mantenemos a la altura” de nuestra condición social, imagen, títulos, y solvencia económica. Pero también existimos aquellos en quienes nadie se fija, y viajamos, a través de nuestra existencia, en una lucha constante para que nuestro nombre algún día alcance a tener cierta importancia para los demás.

Un terrible miedo a lo desconocido nos lleva a elaborar una larga lista de conceptos, absurdos, ante lo poco que nuestros ojos realmente alcanzan a ver. Aquel mundo artificial que hemos creado con el cerebro y clasificado con el intelecto nos da cierta seguridad. Y en nuestra lucha diaria por acumular riqueza y poder olvidamos lo frágil que es la vida sobre la Tierra. Se han realizado millones de autopsias y hasta ahora no se ha encontrado una luz que nos permita vislumbrar qué fuerza es la que sostiene la vida. Quizás el origen de la vida se esconde más allá del orden y el dominio que hemos pretendido ejercer sobre la naturaleza. Tal vez sólo creemos estar acá, y un profundo miedo nos va aniquilando al percibir que también existimos más allá de este mundo surrealista, e inventamos religiones y, por supuesto, creamos “un mundo espiritual” que disfrace nuestros miedos, prejuicios y aquella crueldad incomprensible con la que tratamos al resto de la Creación.

Miro para atrás y parece que todo lo vivido fue un sueño. ¡Cómo quisiera que alguien me pudiese asegurar que fueron reales las experiencias vividas! Al mirar a la gente a los ojos, y ver mi reflejo en sus pupilas, me doy cuenta de que la vida no es más que una ilusión, un brillante truco mágico que se disuelve con el paso de las estaciones.

Caminamos por la vida con la seguridad de estar conscientes, pero sólo estamos soñando realidades. Nuestras vidas se asemejan más a un sueño que a ese mundo real al que nos aferramos tanto, es decir, nuestras vidas no transcurren en perfecto orden como si a determinado acontecimiento le siguiera otro que encaja a la perfección. ¡No! En nuestras vidas tenemos sexo vehemente por la mañana y dos horas después estamos sentados en una fría reunión de negocios, para más tarde encontrarnos en una playa, en medio de una carretera, o tal vez comiendo comida china con nuestros amigos de la infancia o con aquella persona que amamos con locura durante nuestra juventud y que desearíamos desgarrarle la ropa, arrojar los platos fuera de la mesa, y vivir una experiencia obscena que ojalá no olvidásemos nunca, y así regresar a nuestras reuniones de trabajo, noviazgos, y compromisos formales y matrimoniales.

La vida es impredecible, desordenada, caótica. Los eventos no se repiten ni siguen un orden establecido. En las siguientes páginas comparto tan sólo uno de esos sueños, el cual escapa a todas las reglas y al orden que inútilmente pretendemos establecer y está relatado como tal.